No
soy uno de esos patas* que suele expresar sus sentimientos y escribir. Mi madre
me exige escribirle por lo menos un texto al mes si es que no la llamo. Pero
suelo tener memoria frágil y lo que me pasó quisiera recordarlo tal y como
ahora que escribo esto.
Subí
al carro de la línea de costumbre para llegar a casa y alcancé a ver una chica
intentando subir. Avisé al conductor y éste la espero, subió y agradeció el
gesto. En algún momento dado estuvimos sentados uno al lado del otro pero, aun,
sin platicar. Una señora subió al carro y le cedí mi asiento, la chica que
ensoñaba mi pensamiento hizo el favor de llevar la mochila que estuve cargando.
Fue entonces que empezamos a platicar. Su nombre era Vanessa (con doble “ss”,
como una de mis cantantes favoritas).
Sentí
cosas nuevas en mí. Cierto embobamiento se apoderó de mí al intercambiar
palabras con tan amable y simpática señorita. Luego de eso empecé a angustiarme
porque me encontraba pronto a llegar a casa, por lo visto ella aun seguiría de
largo, y no me atrevía a pedirle un
número o correo para comunicarnos. Opté por hacer algo que jamás había hecho en
mi vida.
-Vanessa ¿Tienes prisa en llegar a casa?
-Realmente, no. Solo estoy un poco cansada.
-¿Puedo invitarte a tomar algo? Aquí a unas
cuadras ya bajaré y me gustaría invitarte algo.
-Sé que no es algo común. Inclusive para mí.
Pero…
-¿Pero?
-Hija, creo que esté chico se ha enamorado de
ti y no sabe cómo decirlo – Se atrevió a expresar la señora a quien yo había
cedido el asiento y que se encontraba en medio de ambos.
-Bueno, en realidad estuve por decir que…me
agradas…
-Está bien. Estoy cerca a mi casa. Puedo
quedarme unos minutos.
Tomamos
jugos y batidos. Hablamos como si se nos fuera la vida o como si realmente el
mundo terminaría al día siguiente (lo digo por el 21/12/12). Me platico mucho
sobre ella y me resulto encantadora. Le platique sobre mí y me sentí realmente
estúpido y balbuceante. Pero fue sobre todo un momento de calidad. Jamás había
pasado por algo así y jamás hubiese imaginado que me ocurriría.
He llegado
a casa y lo único que hago es pensar en ella. Me pasé un par de horas,
supuestamente, viendo una película. Y digo supuestamente porque en realidad
solo pude pensar en ella y recrear planes y universos paralelos en los que
ambos estábamos juntos. Al querer prepararme un café para la cena, utilicé sal
en vez de azúcar. Luego de cenar no pude contener las ganas de llamarla y
escuchar su voz una vez más pero como me advirtió a solo enviarle textos, fue
lo que hice.
Grande
fue mi sorpresa al recibir un texto en respuesta preguntando quien era yo.
Habíamos pasado un par de horas juntos recientemente y no me resultaba una
interrogante muy lógica. Respondí el texto, otorgando el beneficio de la duda,
ella podría haber olvidado o pudo no haber registrado mi número en su móvil.
Esperé una respuesta alegre, lógica y con una disculpa pero no fue muy rápida…
3, 6 y 10 minutos. Recibí una llamada desde su móvil.
-Vanessa ¿Habías olvidado mi número?
-No soy Vanessa, soy Mata ¿De dónde conoces a
Vanessa?
-… - No supe que decir y corté.
Mi
móvil repico un par de veces más indicando el número de Vanessa. Tenía
demasiadas emociones juntas purgando por hacerse un espacio preferente en mí.
No estoy acostumbrado a ello y opté por rehuir a todo esto y dejarlo pasar
hasta encontrarme con un poco más de coraje o valentía para poder, siquiera,
hablar con ella.
No
sé si Vanessa fingió ser la chica cándida y amable que paso la tarde conmigo. No
sé, ni podría etiquetar con exactitud las emociones que siento ahora mismo. No sé
si algo pudo darse entre nosotros. Y digo que no lo sé porque no pienso
interferir en su vida. No soy de los que cree en el amor, peor aún en el amor a
primera vista ¿O sí?
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