A veces me pregunto si eres consciente de tu atractivo. Si es propiamente tuyo el deseo de explotarlo en su potencia máxima, o si tan solo es algo natural en ti. Imagino que lo segundo quedará impregnado en mi memoria, ya que no dudo de tu palabra.
En una noche como ésta, una noche calurosa pero lluviosa, te conocí. De eso hace ya ocho años. Ocho años con una férvida pasión desde el momento que me atreví a solicitarte una pieza de baile. Ocho años enamorándome; una y otra vez de tu imperfecta pero cautivante sonrisa; rindiéndome día tras día a la envolvente invitación de tu sensual mirada; apasionándome infinitas veces al dulce aliento en cada palabra tuya; e hipnotizándome hasta perder la cordura por tus cadenciosos movimientos ¿Eres o serás capaz, alguna vez, de recaer en cuenta de todo lo que ocasionas en mi?
A veces, quiero creer que tu inocencia y candidez son características fingidas. Pero pierdo la poca cordura que aún conservo; cuando te robo un beso y me miras con un sentimiento de culpabilidad innato; cuando develo a tus oídos las sandeces que mi corroída imaginación osa susurrar y sonríes con auténtico nerviosismo sin saber cómo responder; y cuando tus pómulos se tiñen del más hermoso rosa visto por mis ojos, cuando te expongo desnudos mis sinceros y comprometidos sentimientos a tu ser ¿Cómo puedes ser tan adorable y al mismo tiempo tan inquietante?
¿Será que eres producto de magia pura o el resultado exacto de la perfecta sincronización de astros? ¿Resultado de la combustión de bondad y deseo o el último y poderoso capricho de una agonizante Venus? Sea cual sea tu origen estoy extasiado de ser el escogido por ti, para caer rendido a tus encantos día tras día, sin reclamo, sin exigencias ni límites; hasta que mi cuerpo exangüe exhale el último aliento de vida y me sea permitida la eternidad para desearte y amarte aun más...

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