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o… se lo contaré tal y como lo recuerdo. No quiero que usted piense que soy mala persona. Pero… aun es algo confuso. Así que se lo diré, tal y como recuerdo.
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Bueno, es hora de alistarme, pensé. Hace tanto que había esperado ese momento. Aun no comprendo como sucedió. Todo fue tan inadvertido. Estaba recostado en mi cama, después de terminar un trabajo sobre álgebra, pensando que hacer más tarde. De pronto, el celular timbró. Normalmente, mi celular no suena a esas horas, a menos que sea una promoción o algo parecido. Por lo tanto, no pensé en responder. Pero, después de un minuto de silencio, en el que mi cabeza cavilaba tantas ideas con ella, el celular volvió a piquetear. Fue en la segunda llamada que repare en el sonido del timbre, era el timbre de llamada de mi grupo de amigos. Fue entonces que respondí a la llamada y pensé estaba soñando.
Era ella… Sí, tanto tiempo soñé con que me llamara con motivos que no sean sobre trabajos o cosa parecida, que creí estar aun dormitando. Apostaría el alma a que soné como un bobo o estúpido, aunque ella me dijo que no. Me pidió salir con ella, esa misma noche. Solo nosotros dos ¡Increíble! Cómo podría no emocionarme con algo así. Bueno, después de que ella estuvo toda la semana, todo el mes, en fin, todos los últimos dos años hablándome de ese tipo del cual su nombre siempre olvido porque solo le causa disgustos y penas.
He balbuceado. Quizás también he tartamudeado. He dicho, quizás, incoherencias. Pero acepte salir con ella ¿cómo podría negarme ante ella? Ella ha sido mi diosa por años. Hice de todo con tal de llegar a ser, por lo menos, su amigo. Lo logré. Pero la verdad, eso no me lo esperaba. Ella siendo tan linda como es ella, tan deseada, tan admirada, tan respetada y querida por todos. Solía imaginar que era ella quien me deseaba, quien anhelaba hablarme, verme, tocarme y más ¡Inmensa imaginación! ¡Qué gratificante imaginación! Pero esa tarde sucedió, ella me llamo y me pidió salir.
Desde el momento que acepte. Me la imagine, con aquel irresistible candor suyo sobre un hermoso vestido vaporoso. Casi citando al que utilizo en su fiesta de quince años. Creo que siempre recordare aquella fiesta porque hice una de mis primeras travesuras. Recuerdo que manipule el juego del anillo para así poder salir a bailar con ella. Fue un momento mágico y muy bochornoso porque de tanta emoción, o nervios muy seguro, la pise y al querer pedirte disculpas ambos nos chocamos las cabezas. Pero en fin, es una imagen suya que nunca olvidare. Aquel cuerpecito envuelto en ese vestido corto y vaporoso, con adornos de flores y brillantes adornos, con sus delgadas pero hermosas piernas, con sus sensuales hombros al aire, con aquella coqueta y radiante sonrisa. Deseaba volver a verla así.
Normalmente, después de terminar los deberes me dedicaba a entrar en mi imaginario mundo. Donde nada me afectaba, aquel mundo donde solo ella y yo existíamos, donde ella y yo gobernábamos, ese en el que ella y yo éramos muy felices juntos ¡Qué imaginación! Solía rememorar nuestros momentos juntos, recordando cada instante y cada pequeño detalle. Adoraba recordar sus vestidos, sus colores, sus olores, sus muecas, sus movimientos. Creí conocerla mejor, quizás, que ella misma. No es que yo este obsesionado con ella. Es solo que, ella se había convertido en mi razón de ser. Creo que, simplemente, estuve enamorado.
Mi gran error fue, creo yo, no haber sido valiente y sincerarme. No tenía nada que perder. Tienen razón al decir que, uno de joven no tiene nada que perder, que siempre deberíamos arriesgarnos. El todo o nada ¡Tenemos tanto tiempo y vida por delante! Poseemos algo que muchos anhelan ¡Dichosa juventud! Pero no, no lo comprendí. Preferí convertirme en un cobarde, el lobo con piel de cordero. Me convertí en su confidente, en su paño de lágrimas, en su recurso de ayuda en casos de emergencia. No comprendo cómo fue que paso, pero terminamos así. Siendo solo amigos… Soy consciente de su forma de ser, la conozco. Ella es tan superficial y condescendiente que me tomaba, seguro, por alguien con quien contar. Supongo que yo me encontraba en la categoría de “importante” mas ser importante no significa ser imprescindible. Ella fue todo y más para mí.
Recuerdo haberme duchado tres veces. Porque cada vez que me probaba la ropa que utilizaría esa noche, sudaba como si fuera mantequilla expuesta al sol ¡Qué deplorable! Ya había practicado el controlar mi forma de sudar al estar cerca a ella, pero esta ocasión todo intento fue en vano. Me eche talco, para evitar sudar, fue peor, me embadurne horriblemente. Faltando una hora, recién pude recapacitar, espabilarme y me di la tercera ducha, me puse una polera para no transpirar mucho, unos jeans holgados, las zapatillas y mi cadenilla de dije japonés, para la buena suerte.
Tome un motocarro hasta el lugar de encuentro, la disco. Recién entonces se me ocurrió revisar el teléfono celular, lo hice solo para controlar el tiempo, mas inesperadamente me llene de dudas y temores ¿Y si le ocurrió algo y ya no podía salir? ¿Y si se arrepintió? ¿O si no le dan permiso? ¿Y si se enfermo? ¿Y si tuvo algún percance? Fui muy descuidado, pensé. No la había llamado en toda la tarde desde que ella me timbro. Quise llamarla ese instante y la operadora me aviso no tener saldo en mis cuentas. Había olvidado recargar el móvil ¡Estúpido! ¿Cómo iba a comunicarme con ella? El miedo empezaba a tomar control. Me pare en la acera, buscando con la mirada encontrar un teléfono público, y me desespero no encontrar con la mirada ningún teléfono cerca. Cuando estuve a punto de cruzar la acera para buscar uno, ella apareció.
Quede pasmado al verla, se veía tan hermosa. Llevaba un top fucsia, a juego con una falda de pliegues muy vaporosos, una gargantilla, y unos tacos negros de charol. La quise más que nunca en aquel instante. Se había arreglado tanto, quizás con esmero, y solo para mi, solo por mi ¡Que inocente fui! Ella me vio al instante. Me saludo y me pidió entrar al recinto con mucha premura. Con lo extasiado que me encontraba no lo note, y ella ni siquiera se molesto en ocultarlo. Fui yo quien no lo quiso ver. Después de todo, recién ahora, creo que ella no me escondió la verdad.
Entramos como espías en la disco, tan desconcertado y enfocado en mi bella acompañante estuve, que ni recaí en cuenta de aquello. Solo deje al momento fluir. Me llevo de la mano hasta el tercer piso de la disco, a la zona más oscura, donde solían verse cosas no permitidas a la audiencia diaria. Pensé que quería nos daríamos el primer beso. Que era una forma de decirme que ella esperaba que yo me sincerase ¡Tonto! No recaí en que ella me estaba utilizando. Que fui apenas la excusa. Que fui tan solo un intermediario. Solo cuando vi a aquel ‘sujeto’ caminar en dirección nuestra, gire para ver la reacción que ella tenía o si me pedía retirarnos. Sucedió todo lo contrario, ella le sonrió, como si hubiesen acordado verse allí. Él le devolvió la sonrisa. Y yo… yo entrelace todo. Y así fue, habían acordado verse en la disco. Y yo… yo fui solo su herramienta.
Sus papas conocían la historia. Ellos habían salido juntos mas no era una relación funcional. Ella siempre terminaba deprimida y en un río de llanto a causa de él. Y él siempre saliendo con una y otra. Sin importarle el mantener una relación con ella u horas después de terminar. Pero ella… siempre terminaba regresando con él ¡Eso era enfermizo! ¡Eso era insalubre! Todo mundo siempre se los decía. Mas ella, siempre tan dramática como solo en ese estado se puede ser, solía responder: “así es el amor”. Yo siempre consolándola, siempre el paño de lágrimas, siempre el hombro al que podía recurrir, el que siempre asentía a sus teorías. Pero yo tenía tantas ganas de decirle que estaba equivocada
¡Ella estaba tan equivocada! Que pensamiento para más erróneo. La persona que te ama, hasta la persona que te quiere jamás, pero nunca, te haría sufrir. La persona que te quiere siempre busca hacerte sentir mejor, hacerte feliz. La persona que te quiere, te aconseja. La persona que te quiere, te respeta. La persona que te quiere, busca estar ahí cuando lo necesites. La persona que te quiere buscar estar contigo. La persona que te quiere busca estar siempre a tu lado. La persona que te quiere te evita disgustos. La persona que te quiere te ayuda en lo posible la persona que te quiere se guarda solo para ti. La persona que te quiere sueña contigo. La persona que te quiere duerme y despierta contigo. La persona que te quiere… soy yo ¡Que cobarde! Fui un total cobarde al no decírselo a tiempo. Ahora solo queda el lamento.
Él se acerco, la abrazo. Se fijo en mí y me sonrió, como muestra de agradecimiento. Ella lo miro, se empino y le dio un fugaz beso en los labios. Se abrazaron, hablaron de algo que no llegue a comprender. Solo escuche que ella decía algo sobre mí. Claro, decía que fue solo gracias a mí que pudieron verse otra vez. Ella hablo sobre su familia, sus papas no querían que volviesen a verse. Inclusive, turnaban a su hermano mayor y uno de sus primos para que la acompañasen a todas partes, vigilando que no se encontrase con él. Pero ella pensó en mí, sus papas me tenían muchísima confianza, sabía que no dudarían en dejarla salir conmigo.
Me sentía extraño. Estaba como… petrificado. Apenas y respira mecánicamente, por costumbre. Creo que tenía adormecido el cerebro. Quería que todo fuese una pesadilla, como las que solía tener. Quería que fuese una de esas pesadillas en las que ella me dejaba por otro. Y me embargo la inseguridad una vez más ¿Y si no eran sueños? ¿Y si eran premoniciones? Se movieron, y me dijeron algo, pero no respondí. No podía. Sentía algo en el organismo, en realidad, eran muchas cosas, muchos sentimientos, juntándose, mezclándose, hirviendo, evolucionando. Gire y los vi.
Él la agarraba de la cintura, estaban bailando. Ahí, en la zona oscura, en la zona donde los sentimientos no permitidos tenían pase libre a demostrarse. El público cercano, difícilmente se fijaba en ellos, y la audiencia de los pisos inferiores, difícilmente lograría identificarlos. Empecé a sentir mucho calor, algo en la sangre me hervía ¿Quizás el aire acondicionado dejo de funcionar? No, no era eso. Luego, mi cerebro despertó y comenzó a dar pequeños golpeteos, como latidos. Y entonces, sucedió. Desde aquel rincón los observe ¿Tan descarados podían ser? ¿Tan ciega fue ella que no vio que me lastimaba? Ella elevo sus brazos hasta su cuello, colgándose de él. Y él, poso ambas manos encima de aquella falda que enfardaba sus delicadas cadera, y la besó. Ni siquiera la quería, no la merecía. Y ese fue el punto de quiebre.
Algún otro yo, tomo el control. Me acerque a zancadas a ellos. Con toda la rabia contenida, con todos aquellos sentimientos mezclándose, hirviendo, tomando control sobre mí. Me acompaño la decepción, la rabia, el enojo, el asco, el repudio, el odio, la ira; una muy peligrosa mezcla. Ella me vio y me sonrió. Recordé todos lo momentos junto a ella. Pero no, no iba a permitir que se burlase de mí en aquella forma. No fui débil ese momento, quizás porque tampoco era yo en esos momentos. Seguí con paso firme. Sentí que acelere el paso, trote, corrí, volé… y con todas las fuerzas, con todas las ansias y todas las ganas contenidas en mi… los empuje.
Psiquiatra López: ¿eres consciente de lo grave de tu confesión?
Yo: ¿Es tan grave señor?
P. L.: Luis está en coma y…
Yo: No la mencione, por favor.
P. L.: Está bien. Ella… ella murió.
Yo: ¿Entonces… eso vuelve tan grave lo que hice señor?
P. L: Sí, muchacho. Es muy grave ¿Aceptas los cargos que se interponen por tus actos?
Yo: Siempre he sido responsable por todos mis actos.
P. L.: ¿Aceptas haber lastimado a esos dos muchachos?
Yo: No, señor. Yo no hice eso. Ellos me hirieron profundamente por mucho tiempo.
P. L.: Muchacho, has cometido un delito ¿Eres consciente de eso?
Yo: Lo refuto, señor. Nunca será un delito liberarse.

ohhhhhh k frustante y triste es esta historia
ResponderEliminar¿Por qué frustrante?
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